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Historia

ENFOQUE HISTÓRICO –ANTROPOLÓGICO

Dice Marc Augé: “El individuo no es, pues, más que el cruce necesario pero variable de un conjunto de relaciones”. Los cruzalteños poseemos una identidad cultural diversa. Nuestra personalidad, históricamente, se define acompañada de una compulsiva incorporación de elementos: lo indígena, lo hispánico, el criollismo, la inmigración. Elementos que fueron dejando huellas y sellaron nuestra historia.

 

¿Quién fue el indio?

El actual territorio cordobés, tanto las sierras como la llanura, fue escenario durante más de diez mil años de un proceso continuado de ocupación humana y expansión de la población, desde pequeños grupos con formas de vida basadas en una tecnología simple de caza y recolección hasta populosas sociedades agrícolas y recolectoras en aldeas organizadas. Pampas, araucanos, tehuelches y ranqueles, desde el sur, como así también, mocovíes, abipones, aucas y tobas, entre otros, desde el norte, dejaron de algún modo u otro, rastros de su paso por esta pampa inmensa, “infinita como un sonido y su eco” (1).

 

¿Cuándo llegó el español?

El conquistador península ingresó a esta tierras como una segunda fuente natural. “La conquista fue una empresa de utopía para unos, de evangelización para otros, de lucro, de poder político y afirmación individualista para los más…”. El español fue “el deseador, el memorioso, el nominador y el voceador. No sólo quiso descubrir la realidad, también quiso nombrarla, desearla, decirla y recordarla. A veces, todo ello se resumió en un propósito: imaginarla” (2).

Retomando la historia, sabemos que varias expediciones recorrieron estos lugares, hacia 1528, hombres bajo las órdenes de Francisco César y enviados por Gaboto remontando el cauce de los ríos de la Plata, Paraná, Carcarañá, Tercero.

En 1543, una segunda expedición hizo su travesía desde Cuzco, comandada primero por Diego de Rojas, y luego, al morir éste, por Francisco de Mendoza. De esta manera, el hombre blanco, el español, fue transitando, conociendo y conquistando estas tierras. El enfrentamiento indio-español fue una constante. Unos, porque defendían su territorio; los otros, como demostración de poder.

Fundadas las ciudades y ante la necesidad de comunicación, se fue formando un paso obligatorio, transitado por los conquistadores españoles: el “Camino Real”, desde el puerto de Buenos Aires a las minas de Potosí. Camino de ida y vuelta, llevaba riqueza material y espiritual, dejando huellas a cada paso de su cultura, a tal punto que forman parte de nuestra identidad.

Hacia 1959, Martín de Salvatierra murió súbitamente en la zona conocida como Islas de Cámara o Dormida, de las Islas de Cámara. Veintiocho años más tarde, su hijo, Alonso de Salvatierra, fue atacado y muerto por los indios Pampas en el mismo sitio. Evocando estos acontecimientos, se levantó una cruz: “La Cruz de Salvatierra”, que fue sustituyendo a la denominación anterior. Luego apareció, por primera vez, el 2 de noviembre de 1680, el de “La Cruz Alta”.

A tres siglos de distancia, sus límites se pueden ubicar, puesto que mantienen la misma denominación: “Por el norte, confina con un monte grande que está a la vista del Arroyo de las Tortugas; por la parte sur; con la Aguada de las Mojarras y, por la parte de Río Arriba, hasta donde llaman La Cabeza de Tigre” (3).

El 25 de febrero de 1690, según lo manifiesta la investigadora cruzalteña, licenciada Estela Barbero, fecha fundacional, imprecisa por ser espontánea y no intencional; ese día, don Diego de Salguero y Cabrera vende a Jacinto Piñero “unas tierras (…) propias que tengo (…) en el parage que le llaman del Río Tercero, desde el Carcarañá hasta Los Papagayos, en el camino real para Buenos Aires, los cuales ube y compré por venta real al teniente Juan Sosa, quien las compró al capitán Alonso Ferreira de Aguiar, a quien se le hizo merced de ellas” (4). En 1694, había cuatro ranchos y una próspera estancia, y a comienzos de la centuria siguiente, el lugar atrajo a otros pobladores y contaba con ciento treinta y dos habitantes agrupados en forma de pueblo.

En 1726, el alcalde de Argüello reconoce al sitio de Cruz Alta como un lugar propicio para la construcción de un fuerte, como resguardo de las amenazas de los mocobíes y para favorecer el comercio por el Camino Real.

 

¿Y nuestros criollos…?

El ser cultural del español no pudo mantenerse pura ante las exigencias mismas de la interacción y las distorsiones causadas por la distancia, el clima y el medio geográfico, tan disímiles. Al acomodarse a esas circunstancias, se produjo un cambio. Ese cambio, en los grupos indígenas, fue mayor cuanto mayor fue el alejamiento de lo propio, ya que interpretaban el mundo del conquistador de acuerdo con sus propias concepciones. Entonces, se dio así una yuxtaposición cultural con cierta correlación sincrética; luego, una imbricación de ambas culturas, superficial en un principio, y profundo después. En esta imbricación, verdadero mestizaje cultural, hallamos en ciertos casos un predominio de elementos indígenas, y en otros, de los europeos. Así se fue dando, paralelamente, un mestizaje biológico y el surgimiento de un tipo humano: el mestizo.

De esta manera, con el correr del tiempo, se fue generando el largo proceso de criollización. Proceso que adquirió en nuestra pampa características propias, dado por un modo peculiar de vida, ligado íntimamente a la ganadería. Hábiles jinetes, acostumbrados a orientarse en el desierto, recios como para soportar las inclemencias del tiempo a campo abierto, encontraron en estas tierras un estilo de vida y un modo peculiar de subsistir.

Así fue surgiendo, marginalmente, con respeto a los intereses de la ciudad, del modo europeo y urbano, ese “otro”, el de tierra adentro, regido por las leyes de la naturaleza, no escritas.

Hacia fines del siglo XIX, el criollo se vio jaqueado por el aluvión inmigratorio, sobreviviendo como peón de estancias y chacras. En estos lugares, la inmigración ocupó gran cantidad de tierras, produciéndose su desplazamiento constante.

 

¿Por qué los inmigrantes?

Cuando hablamos de colonización, nos estamos refiriendo al establecimiento de campesinos agricultores en tierras públicas destinadas a ese objeto y, como complemento necesario, si nos referimos al siglo XIX, debe unirse a éste el tema de la inmigración, ambos fueron la consecuencia de un mismo problema: el desierto y la falta de habitantes en nuestro país para desarrollarlo en todos sus aspectos.

La colonización en la pampa cordobesa fue trascendente tanto en lo económico como en lo cultural, manifestándose en el cultivo de la tierra, en las costumbres, el lenguaje y las pautas de sociabilidad.

Los inmigrantes, en Córdoba, no fueron una fuerza de choque contra los indígenas, donde, debido al comienzo tardío de la colonización, el peligro del indio era un recuerdo reciente.

La mayor parte de los inmigrantes que se ubicaron en los espacios rurales, se dedicaron a la agricultura y adquirieron tierras pagaderas en varios años, tiempo que fue próspero para algunos y nefasto para otros.

Como consecuencia de la política económica imperante a fines del siglo XIX y comienzos del XX, las empresas colonizadoras se encargaron de la venta de gran parte de las tierras de la zona de Cruz Alta.

En 1887, Alfredo de Arteaga funda la Colonia Juárez Celman, próxima a nuestro pueblo, con una extensión alrededor de cincuenta mil hectáreas, siendo la más importante la pedanía de Cruz Alta.

A fines del siglo XIX, el total de habitantes en dicha colonia, según la investigadora licenciada Estela Barbero, era de dos mil quinientas personas: doscientos cincuenta familias argentinas, cuatrocientos italianas, treinta alemanas, cuarenta españolas, cincuenta francesas y quince belgas. También cabe destacar otras nacionalidades de inmigrantes que llegaron a Cruz Alta y establecieron su colonia, como los suizos y yugoslavos. De esta masa inmigratoria, algunos se dedicaron al trabajo de la tierra, otros a las casas de ramos generales y comercios.

Los colonos que llegaron a ser propietarios de sus chacras, al no tener que pagar el oneroso tributo de la renta agraria a ningún terrateniente, mejoraron paulatinamente su condición socio-económica y dieron prosperidad a la zona de influencia en que radicaron. “Pero estos agricultores, a medida que avanzó la colonización fueron, cada vez más, una minoría. Para el año agrícola 1913-1915, los chacareros que no eran dueños de la tierra que trabajaban se elevaban al 73%, mientras que los propietarios constituían el 27%” (5).

Retomando a la investigadora licenciada Estela Barbero, es importante transcribir la descripción que realiza el inspector E. Ortiz y Herrera durante una visita a nuestro pueblo en el año 1895: “Dentro de la Juárez Celman se encuentra formado ya el pueblo de Cruz Alta, con sus magníficos edificios de material cocido asentados en cal, altos algunos y con sus calles de veinte metros de ancho perfectamente delineadas de uno y otro frente. La edificación se extiende diez cuadras a todo viento. Hay una estación de ferrocarril Oeste santafesino, denominada Juárez Celman” (6).

El 1888, llegó el ferrocarril a nuestro pueblo, un ramal del Oeste santafesino que partía desde Rosario y moría en Cruz Alta. Comunicador de pueblos y motor de la población agraria una línea divisoria entre dos mundos espiritual y culturalmente diversos: de un lado, el de los europeos y sus descendientes, mas urbanizado, donde se congregaron las casas de ramos generales, las tiendas, las confiterías, las instituciones, los centros recreativos; y del otro lado, donde tuvo su origen el pueblo, quedó asentada la población criolla. En este lugar se distingue altiva, elevándose a Dios, nuestra Iglesia, cuya presencia continua siendo, a través del tiempo, testigo de nuestra historia.

  1. BORGES, Jorge Luis: El tamaño de mi esperanza-La pampa y el suburbio son dioses, Buenos Aires, Seix Barral, 1993.
  2. FUENTES, Carlos: Valiente mundo nuevo- Imaginación, memoria y deseo. 1990.
  3. BARBERO, Estela: Los Orígenes de Cruz Alta. 1983, p. 9.
  4. Ibidem.
  5. FERRERO, Roberto A.: El Espíritu de la Pampa Gringa, en Revista Todo es Historia, N° 113, octubre 1976.
  6. BARBERO, Estela: Cruz Alta, tres siglos de historia. 1990, p.179.

 

 

FUENTE: HISTORIAS POPULARES CORDOBESAS – p. 19 a 23

 

Escudo de Cruz Alta 

DESCRIPCIÓN

En campo de azur una muralla almenada de su color; en jefe una cruz de plata. Bordura de gules con la inscripción en latín: STAT CRUX DUM VOLVITUR ORBIS. Como timbre un sol naciente de oro con nueve rayos.

TERMINOLOGÍA

*AZUR: fondo azul

*BORDURA: pieza que rodea el escudo  en toda su longitud y que tiene de anchura la sexta parte del mismo.

*CAMPO: superficie o espacio contenido entre líneas

*JEFE: pieza que se coloca en la parte superior del escudo

*GULES: fondo rojo

*ORO: fondo dorado

*PLATA: fondo plateado

*TIMBRE: el escudo adornado con un timbre, esto es un casco, una corona, etc. puesto en su parte superior

FORMA DEL ESCUDO Y SUS PROPORCIONES

Se ha adoptado el escudo de forma cuadrilonga española para afirmar la raíz hispánica de nuestra Patria, con la parte inferior redondeada, sus proporciones son 6 x 5, es decir que la sexta parte de la altura cabe cinco veces en el ancho

EXPLICACIÓN

La cruz de plata señala el nombre del lugar. La muralla almenada de su color (ocre) recuerda el primer fuerte de Cruz Alta mandado a construir en 1724 por el coronel don Matías de Anglés  Gortari y Lizarazu. La inscripción latina en la bordura: STAT CRUX DUM VOLVITUR ORBIS, que quiere decir: “La cruz permanece mientras el mundo gira”, está tomada de las palabras finales de la obra “LA CRUZ EN LA PAMPA” del Monseñor Pablo Cabrera, primer historiador de Cruz Alta.

Los esmaltes y metales expresan: azur la justicia, la dulzura, la lealtad; gules la fortaleza, el honor, la fidelidad; oro la nobleza, generosidad y riqueza de la Argentina; plata la fe, la pureza, la integridad.

 

ALEJANDRO MOYANO ALIAGA

 

 

Bandera DE Cruz  Alta

La Bandera de Cruz Alta se presenta como un símbolo de identidad, felicidad, alegría y optimismo mediante el uso de los policromos y un diseño de líneas simples.

Se puede observar una cruz central que focaliza la mirada y hace referencia al nombre de la localidad, la cual se asocia a la unión y la fe; de color amarillo claro y luminoso, representando al sol y al mismo tiempo al conocimiento y la inteligencia, ya  que ambos a lo largo de la historia se han representado simbólicamente mediante el astro rey (sol=luz=conocimiento).

Es por ello que es central, al igual que el sol de mayo en las Banderas Argentina y Cordobesa.

En los extremos superior izquierdo e inferior derecho aparecen formas curvas equilibradas para representar la racionalidad de un pueblo que sigue un camino con mucha historia, cuya dirección varía de manera paulatina y constante.

Estas formas tienen colores azul y celeste, verde y verde claro, respectivamente.

El color azul simboliza todos los sentimientos que van más allá de la simple pasión y que permanecen en el tiempo. El azul es además, el color de los trabajadores, lo práctico, lo cotidiano y lo corriente.

El color celeste es un derivado del azul en un tono más claro, un poco pálido como el cielo; es precisamente de esta característica de donde proviene su nombre, pues es un color semejante al cielo. Además simboliza los valores como la honestidad, fortaleza, rectitud, equidad, honradez, entre otros que suelen ser importantes en la formación de los individuos, puesto que los favorece en sus relaciones interpersonales. Además es el color del manto de la Virgen del Rosario. Está presente en la Bandera Argentina y Cordobesa.

El color verde aparece en dos tonos y representa lo natural, lo geográfico, la pampa, los campos en diferentes gamas. Se lo asocia con el crecimiento, la productividad, la vegetación. Es un color de gran equilibrio porque está compuesto por colores de la emoción  (amarillo=cálido) y del juicio (azul=frío). Es un color que hace balance, es estable.

Y en la parte central hay una franja de color blanca.

El color blanco es considerado como el más fuerte de todos, ya que a pesar de no poseer un tono llamativo, atractivo o imponente, éste posee características que tienen una influencia positiva en las personas y en los alrededores que están llenos de este color; su naturalidad le permite representar aspectos de la vida que son sumamente valorados en la sociedad y en la cultura, pues se le atribuye con elementos religiosos, que son valorados por las personas, debido a su significado.

Representa con su color absoluto, la unidad y la paz, por ello es mayormente usado en actos de reconciliación entre individuos y naciones, debido a que transmite actitudes favorables en las relaciones interpersonales, pues el color blanco simboliza actos de tregua en donde las personas ponen de manifiesto a través de este color, que no existen diferencias entre ellos y que a pesar de sus características puede formar parte de una unidad.

“A través de estos colores, se demuestra el respeto hacia la localidad, a todos los que habitan en ella y a su historia.”

ALUMNAS DE SEGUNDO AÑO DEL PROFESORADO DE NIVEL INICIAL DEL INSTITUTO SANTA JUANA DE ARCO (NIVEL SUPERIOR)

 

Imágenes: